Deporte Risaraldense

Una mamá que le debe mucho al agua

Fotos: Orlando Salazar Zapata.

Ella llegó de Quinchía y él de Apartadó. Cuatro hijos son el fruto de la unión marital entre Alberto Uribe, un técnico en mantenimiento de piscinas y María Mercedes Bermúdez, una mujer que, como escribió Gabriel García Márquez, navega en una madurez espléndida.

La unión familiar, la armonía del hogar, la tranquilidad por formar unos hijos profesionales y “buenas personas” es el gran botín de una vida que no ha sido fácil, y que empezó a batallar desde muy niña en fincas, haciendo trabajos del campo, escapándose del estudio, del que con plena sinceridad dice que “no me gustó”.

María Mercedes y Alberto son los padres de Juan Pablo Uribe Bermúdez, Carlos Andrés, Viviana Andrea y Luis Felipe Uribe, y los abuelos de Valeria Uribe.

Viviana Andrea Uribe, Valeria Uribe, Alberto Uribe, María Mercedes Bermúdez,
y Luis Felipe Uribe.

Esta familia ha estado estrechamente relacionada con el agua, y específicamente, con las piscinas olímpicas de Pereira, hasta el punto de que vivieron en ese escenario deportivo durante 5 años, a raíz de la oportunidad de trabajo que logró el padre de la familia, y con el cual su vida dejó de ser una balsa atravesando ríos torrentosos.

Sus hijos la han llenado de orgullo, y en especial dos le han prodigado el corazón de enormes satisfacciones. Uno es Viviana Andrea Uribe Bermúdez (21 años de edad) y el otro Luis Felipe Uribe (17 años); ambos son deportistas de alto rendimiento de Risaralda y de la selección Colombia, dedicados a los clavados.

Carlos Andrés fue nadador y monitor; Viviana, además de competidora es entrenadora de clavados, “y a Juan Pablo no le gustó el deporte”, dice su madre, que a la vez ya es testigo de cómo su nieta Valeria, de 12 años, prolonga la tradición acuática de esta familia.

“Lo que les pido es que sean humildes y que respeten a todas las personas”, dice María Mercedes, una madre que por razones prácticas necesitaba – casi que urgía – que su hijo Luis Felipe aprendiera a nadar.

Lejos estaba de pensar ella en que ese niño sería más adelante un deportista de altos pergaminos en los clavados, como ser el subcampeón mundial juvenil en Rusia 2016 en trampolín de 3 metros.

“Para nosotros era muy importante que él aprendiera a nadar, porque como vivíamos en las piscinas olímpicas, a veces él salía a buscar al papá que las limpiaba, y uno no se daba cuenta. Imagínese ese niño de unos tres – cuatro añitos caminando, jugando, cerquita de esas piscinas”, dice esta madre y abuela que todos los años, el Día de la Madre, tiene su propia agenda: pasar ese domingo en Quinchía con Rosa Inés Aricapa, su madre de 76 años de edad y su padre José Alfredo Bermúdez.

Finalmente, y luego de insistirle tanto y de que él mismo se escondiera de los profesores que lo llamaban para que iniciara clases, ese niño aprendió a nadar.

“Esa fue una de mis mayores alegrías, porque fue él quien tomó la decisión, como a los 5 añitos, de ir adonde el profesor e iniciar clases”, recordó María Mercedes.

Cuando ha podido, ha viajado por Colombia con sus hijos Viviana Andrea y Luis Felipe a los campeonatos nacionales; internacionalmente es muy difícil para esta familia por los costos, pero su anhelo es ver a sus hijos en los Juegos Olímpicos del próximo año, y estar allá, y no levantarse a las 3:00 o 4:00 de la madrugada a verlo por televisión y hacer fuerza, como cuando Luis Felipe ganó en Rusia. “¡Esa fue una gran alegría!; no dormíamos, y aún al recordar ese momento, ¡me emociono!”.

Como madre no deja de sufrir por sus hijos; las angustias están ahí: en el salto desde la plataforma de 10 metros, que es la especialidad de su hija o en el viaje solitario que debe, en algunas ocasiones, emprender el joven de 17 años, como hace poco cuando fue a Chile, que por razones de conexión debió defenderse como pudo hasta llegar a su destino, y casi que bajarse del avión y competir inmediatamente.

“Estuve tres días en la clínica, por la tensión que me dio; se me irritó el colon; uno piensa en el niño viajando solito y a las 2:00 o 3:00 de la mañana en Chile sin que nadie lo recibiera. Ahora, cuando Viviana va a Cuba es muy difícil porque como allá el Internet es tan malo, entonces tenemos muy poca comunicación, y ella y yo somos muy apegadas, ¡pues imagínese, somos las dos únicas mujeres en el hogar!”.

Las piscinas olímpicas son la casa principal de esta familia. Llegan a ellas a las 5:00 de la mañana, y mientras los tres deportistas (incluyendo la nieta que también entrena) hacen sus ejercicios y su padre se encarga de la supervisión de los motores que limpian el agua del escenario, la señora María Mercedes prepara los alimentos y está atenta a la cafetería que administra allí mismo.

Alberto Uribe, María Mercedes Bermúdez.

Como esposa, recuerda esos momentos en los que su compañero pasaba “las verdes y las maduras” huyéndole a los controladores de espacio público, que le impedían vender, primero medias en el centro, y después mangos, piña y coco en una carreta. Luego lo acompañó a hacer un reemplazo de vigilancia en las piscinas y posteriormente el aseo al escenario, y a partir de ahí formaron un hogar que gira en torno al agua y que, gracias a la “mano del Señor”, navega en la actualidad por aguas más tranquilas.

Por: Orlando Salazar Zapata

Comunicador social periodista

Especialista en gerencia de la comunicación corporativa

Envía tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *