Deporte Risaraldense

De futbolista a comunicador social

Cortesía

El estudiante de la Universidad Católica de Pereira, Santiago Agudelo, pasó de ser un niño que soñaba con acariciar una pelota de fútbol en un campo, a un futbolista de divisiones inferiores que pudo compartir vivencias con varias figuras, las cuales conformaban la nómina de aquel Atlético Nacional, campeón de la Copa Libertadores de América en 2016. Ahora se dedica a estudiar Comunicación Social y Periodismo en la Universidad Católica de Pereira, actualmente cursa primer semestre, pero no deja de lado esa pasión que lo llevó a experimentar varios sucesos que dejaron una marca muy grande en su vida.

 

Pregunta: ¿Desde qué edad se apasionó por el fútbol y empezó a jugarlo?

Santiago: Pues, mi pasión por el fútbol surgió más o menos como a los 12 o los 13 años. Empecé a practicarlo más bien como hobbie o por los padres, que buscan un deporte para el niño, tal vez a los 8 o 9 años, pero con el paso del tiempo ya uno sabía que le gustaba ese deporte, después de tantos años practicándolo, le cogí como más amor a ese deporte.

P: ¿Su familia estuvo de acuerdo con el hecho de que usted quería ser futbolista?

S: Sí, siempre me apoyaron. Al principio como pasatiempo, pero después de crecer esa pasión les dije que mi meta fue ser jugador profesional, y siempre estuvieron conmigo, apoyándome con lo económico, también con lo moral. Si me tocaba viajar a otra ciudad a jugar en un equipo, siempre estuvieron ahí para mí.

P: ¿Cuál fue la primera academia de fútbol en la que usted estuvo?

S: Yo diría que la primera se llama Milán F.C. que es una escuela de Dosquebradas.

P: ¿Cómo recuerda ese primer momento cuando usted llegó a esa academia?

S: La gente me recibió muy bien, la verdad era un equipo más de barrio, en Santa Isabel, Dosquebradas. Justamente de allá es el técnico, y de allí eran la mayoría de los jugadores. Fue un grupo más de amigos, nos conocíamos desde chiquitos, y justamente era algo como muy familiar. Todos juntos, incluso los padres eran amigos ellos mismos, entonces fue algo muy tranquilo y un ambiente muy bueno.

P: ¿Hay alguna anécdota que le haya quedado y que lo haya marcado en ese inicio de carrera?

S: Yo tenía por ahí 10 años, y se nos presentó la oportunidad de ir a Medellín. Viajamos a jugar amistosos contra equipos de esa ciudad. Nos tocó dormir en un estadio, en colchones tirados en el piso. Estábamos con los padres de familia, pero era algo muy nuevo para nosotros. Simplemente jugábamos en las canchitas del barrio, y salir a conocer otra ciudad y jugar ante otras escuelas que eran mejor formados que nosotros, fue una experiencia muy chévere. Supimos que el fútbol era más y no solo lo que estábamos viviendo en ese entonces de chiquitos.

P: ¿En qué posiciones se desempeñaba?

S: Cuando empecé, muy pequeño, jugaba como defensa central, hasta los 13 años que comencé a jugar de volante 6 (central).

P: ¿Cómo fue escalando usted hasta llegar a Atlético Nacional?

S: El proceso fue muy largo, ya después de pasar la primera escuela, se me dio la oportunidad de estar en otra llamada Academia Gerenciar, de Dosquebradas, no duré mucho allí tras diferencias con el entrenador. Después pasé a otra escuela llamada Macol, jugué 2 años y me llegó la oportunidad de hacer pruebas con Atlético Nacional. Se hizo una negociación de traspaso y tuve la oportunidad de vestir esa camiseta.

P: ¿Cómo fue su reacción tras enterarse que usted fue aceptado en Nacional?

S: Sentí una alegría enorme, esto era dar un paso muy grande. Se trataba de pasar del fútbol amateur a las divisiones inferiores de un equipo profesional, que es otro cuento. Hubo mucho entusiasmo de parte mía, de mi familia, y de todas las personas que me apoyaron. El equipo de Macol se enorgulleció tras saber que un jugador de su club forma parte de un equipo tan grande del país.

P: ¿Tuvo la oportunidad de compartir con los jugadores del primer equipo?

S: Sí, cuando yo llegué estaba Juan Carlos Osorio, y con él era un poco más duro poder entrenar con el equipo profesional. Entrené, si mucho, dos veces con ellos mientras estuvo Osorio. Ya cuando llegó Reinaldo Rueda, nos dio muchas oportunidades, estuvimos en muchos entrenamientos y prácticas junto a ellos. Y tuve la oportunidad de conocer a muchos jugadores, como Macnelly Torres, Luis Carlos Ruiz, Orlando Berrio, Jonathan Copete, entre otros. Durante el 2015 y 2016 pude estar con ellos.

P: Y esos jugadores, que estaban allá arriba, ¿qué le decían?

S: Uno en la vida se encuentra personas de toda clase, desde el más humilde hasta el más prepotente. Había jugadores que lo acogían a uno muy bien, cuando se acababa cada entreno nos regalaban su Gatorade y su bolsa de agua, también lo ayudaban y arropaban a uno. También estaban los otros, que sentían la necesidad de luchar por su puesto, no lo trataban a uno tan bien como los demás. Nos agarraban a pata en una final, porque ellos sabían que estaban escalando. Era entendible, pero uno sí se encontraba a jugadores de todo tipo, desde el más amable hasta el que no le dirigía la palabra a uno.

P: Usted hablaba de Reinaldo Rueda, ¿cómo lo describe a él?

S: Yo lo describo como un gran pensador, él siempre iba a vernos jugar cuando jugábamos de locales en Guarne. Siempre estuvo en una sillita junto a Redín (Bernardo, su asistente técnico), viéndonos, siguiéndonos. Y creo que siempre era muy callado, solo decía lo que tenía que decir y ya, simplemente analizaba nuestros partidos y al momento de las prácticas con el equipo profesional, cinco palabritas y listo. Era un profesional muy pensador y callado.

P: ¿Cuál es su mayor inspiración al pisar un terreno de juego?

S: Mi familia, más que todo por mi padre y mi madre. Mi hermano es muy importante, pero pienso en el apoyo que siempre me brindaron mis padres, que siempre estuvieron ahí, diciéndome “Dele, usted tiene con qué”. También en lo personal quiero salir adelante, pero quiero darles esa alegría a ellos, brindarles esa satisfacción luego de luchar tanto por mí.

P: ¿Por qué este cambio de futbolista a estudiante universitario?

S: Hubo un intervalo de 2 años, yo terminé en Nacional bajo un contrato de préstamo por un año por opción de compra, cuando se terminó el préstamo a final de año no me compraron. Negociaron con Macol pero no pudieron llegar a un acuerdo, se decía que estaban pidiendo mucha plata. Volví a Macol, esperando que me manden a probar a otro lado, ya sea en un equipo de Bogotá, de la Costa, de donde sea pero yo me quería ir. Ya la hoja de vida había quedado muy buena, jugué muchos partidos y ganamos varios torneos, solamente perdimos un torneo de todos los que jugamos. Entonces estaba esperando eso y mejor decidí renunciar al fútbol. Había un proyecto que consistía en irme del país con mi familia, pero eso no resultó. Decidí devolverme para Pereira y tomar la decisión de estudiar Comunicación, en realidad estaba entre dos carreras pero esta fue en la que yo más me veía.

P: ¿Para usted qué significa la palabra ‘Fútbol’?

S: Para mí es una pasión, es un deporte al que le dediqué durante mucho tiempo. Tantos sacrificios que uno hizo siendo joven a los 15-16 años, por ejemplo cuando tus amigos te decían “vamos a salir o vamos para tal parte” y vos no podías, vos te debías quedar en la casa, o estabas concentrado con el equipo cuando jugabas al otro día… cualquier cosa.  Para mí es una disciplina y una pasión, esas dos palabras definen la palabra “Fútbol”.

P: ¿Qué mensaje o consejo podría brindarle a todos los niños que quieren ser futbolistas?

S: Que la luchen hasta el final. Puede que me haya equivocado tomando una decisión tan apresurada, o puede que lo mejor haya sido quedarme en Macol. Pero nada… que la sigan luchando y crean en ellos mismos. En el mundo del fútbol se van a encontrar muchos técnicos que les van a decir “usted es muy malo” y al otro mes llega otro técnico y está enamorado de ustedes. La idea es nunca dejarse apañar o intimidar de otras personas. Siempre confiar en el talento como base para seguir adelante y que algún día lo van a lograr.

Por: Joan Sebastián Vallejo

Estudiante Comunicación social – periodismo, tercer semestre. 

Universidad Católica de Pereira. 

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