Deporte Risaraldense

El “trago amargo” por el que pasa Pablito Hernández

“La salud está deteriorada, pero con la ayuda de Dios vamos a salir adelante”.  

Pablo Enrique Hernández López regresó a Colombia el pasado 9 de febrero; ocho días después debió ser internado en la clínica Los Rosales de Pereira, aquejado por los dolores en las piernas y grandes y profundas úlceras en sus pies, como consecuencia de tener, según le han explicado los médicos a él y a su familia, el 75 por ciento de las venas de sus piernas, obstruidas. 

En sus años de apogeo fueron esas mismas piernas las que convirtieron a Pablo Hernández en un protagonista del ciclismo nacional. Con ellas empezó en 1959 su historia deportiva, cuya más alta cumbre escalada fue la conquista de la Vuelta a Colombia de 1969. Es de los pocos ciclistas que se “salvó” de un apodo; los locutores de entonces lo llamaron simplemente “Pablito”.  

Nació en Suesca, Cundinamarca, hace 78 años (12 de febrero de 1940). Muy joven, y ya siendo ciclista aficionado, vino a Pereira donde vivía un hermano. Se quedó en la ciudad, y desde entonces está en el corazón de los pereiranos, que lo recuerdan como integrante de la famosa cuarteta pereirana, de la que formaron parte Rubén Darío Gómez, Alfonso Gálvis y Ariel Betancurt (todos fallecidos) y con quienes Pereira, que en ese entonces era municipio de Caldas, empezó a marcar historia en el ciclismo colombiano, y de paso a desligarse políticamente de Manizales y de Caldas, que ejercían un centralismo asfixiante. 

“Pereira ha sido todo en mi vida; recuerdo mucho cuando llegué a esta ciudad, lo pequeña que era Pereira, el calor de la gente, todo el mundo lo saludaba a uno”. 

 

DEBE EMPEZAR A CAMINAR 

Actualmente pasa por un trago amargo en su vida; es el paciente del séptimo piso de la clínica Los Rosales; en su habitación permanece acompañado por Alexandra, la única hija que está radicada aquí, pues sus otros tres hijos, Fausto, Sayda y Eduard (también ciclista conocido en su época como “El Piño” Hernández) viven en Estados Unidos. 

Don Pablo no camina; debe movilizarse en una silla de ruedas.  

Precisamente esa dificultad para caminar y los dolores en las piernas lo alertaron en México, donde vive, sobre la necesidad de regresar a Pereira, para hacer uso de la cobertura en salud a la que tiene derecho. 

El campeón de la Vuelta a Colombia de 1969, del campeonato nacional de ruta en 1964, el subcampeón de la Vuelta a Guatemala y el representante de Colombia en los Juegos Olímpicos de Tokio 1964 no es la primera vez que ve comprometida su salud. 

Hace 18 años padeció un cáncer que le atacó el glúteo derecho, y según su percepción, la cirugía y el riguroso tratamiento con radioterapias pudieron desencadenar la actual condición de salud. 

Los médicos especialistas le han recomendado que intente ponerse en movimiento por sus propios medios. Será un proceso lento, toda vez que las úlceras que presenta en los pies, aunque han venido sanando, le producen mucho dolor al asentar la planta del pie. Por supuesto que la falta de circulación de la sangre en sus extremidades también le produce dolor. Lo que se busca es que al tener actividad haya flujo en el circuito sanguíneo y ello permita intervenirlo quirúrgicamente en unos meses más adelante. 

 

RECUERDOS CICLÍSTICOS 

Cuando sus amigos lo visitan hay un solo tema de conversación: el ciclismo. 

Don Pablo Hernández habla de cómo eran sus condiciones innatas para escalar; de las etapas que ganaba de “punta a punta”; de cómo sus técnicos le fallaron, excepto el francés José Beyaert (primer extranjero en ganar la Vuelta a Colombia), quien lo orientó y lo respaldó en el título de 1969, con el equipo Relojes Pierce. 

En su memoria tiene grabados momentos mágicos de sus 20 años como ciclista, incluyendo ese fervor cívico que despertó este deporte en Pereira, y que llevó al sacerdote Antonio José Valencia a “poner la ponchera” para poder enviar los ciclistas a la Vuelta a Colombia, eso sí, después de su “momento deportivo” en el que se convertían sus homilías, porque antes que el Evangelio, estaban primero sus apuntes desde el púlpito acerca del Deportivo Pereira y de la cuarteta de ciclismo de la ciudad. 

Don Pablo Hernández volvió a Pereira, en esta ocasión aquejado por una enfermedad, que paradójicamente le afecta las mismas piernas con las que se ganó la vida y por las que se le reconoce como uno de los grandes campeones del deporte pereirano. 

“La salud está deteriorada, pero con la ayuda de Dios vamos a salir adelante”, dice Pablito Hernández. 

Si quieres escuchar el audio de la entrevista:

 

Por: Orlando Salazar Zapata 

Comunicador social periodista 

Especialista en gerencia de la comunicación corporativa 

 

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